Terremoto en Venezuela: guía de intervención en crisis

Un desastre sísmico como el ocurrido en Venezuela no solo sacude las estructuras físicas; altera de forma brusca nuestra seguridad emocional básica. En cuestión de segundos, el cerebro se ve obligado a procesar una amenaza existencial, activando respuestas automáticas de supervivencia como el miedo intenso, la desorientación, el llanto o el bloqueo.

En contextos de alta vulnerabilidad y exposición a réplicas recurrentes, la respuesta ante la emergencia no puede limitarse al rescate físico. Es imperativo ofrecer Primeros Auxilios Psicológicos (PAP). La meta no es hacer psicoterapia profunda en medio del caos, sino mitigar el impacto psicológico inicial, proteger y guiar a las personas para que recuperen la estabilidad necesaria para tomar decisiones básicas.

Como profesionales de la salud, rescatistas, líderes comunitarios o miembros de una familia, debemos entender que el apoyo emocional sigue un proceso evolutivo. No hacemos lo mismo en los primeros minutos que a los cuatro días del evento. A continuación, desglosamos el protocolo de actuación definitivo, haciendo especial énfasis en la compleja fase que inicia a partir de las 72 horas.

FASE 1: Las Primeras 72 Horas (El Periodo Peritraumático)

Esta ventana temporal se caracteriza por el shock inicial. El sistema nervioso de los afectados está inundado de cortisol y adrenalina. El objetivo aquí es proteger, calmar y simplificar.

Cerebro Activo 50+

1. El Principio de Protección (Seguridad Física)

La seguridad física precede de forma absoluta a cualquier intento de contención psicológica. Antes de intervenir, evalúe el entorno:

  • Aléjese y aleje a los afectados de paredes agrietadas, postes, cables expuestos o ventanas.

  • Planifique ante réplicas: Pacute una instrucción breve de antemano para reducir el pánico: «Estamos en un lugar seguro ahora. Si ocurre una réplica, nos protegeremos inmediatamente junto a este muro estructural. Una vez pase, continuaremos».

2. Contacto Técnico y Co-Regulación

El cerebro en shock busca señales de seguridad en el entorno para calmar su sistema de alarma.

  • Prosodia reguladora: Hable con un tono de voz bajo, pausado y firme.

  • Postura corporal: Posiciónese al mismo nivel visual de la persona (agáchese si está sentada), respetando su espacio pero demostrando disponibilidad.

3. Escucha y Validación Emocional (No Patologizar)

El llanto, el temblor o el silencio absoluto son respuestas normales ante una situación completamente anormal.

  • Evite el control impositivo: No use frases como «cálmese», «tienes que ser fuerte» o «no es para tanto». Estas expresiones invalidan el sufrimiento y aumentan el malestar.

  • Reconozca el impacto sin juzgar: «Es completamente comprensible que sienta miedo o ganas de llorar después de lo que acaba de vivir. Estoy aquí con usted».

4. Instrucciones de Baja Demanda Cognitiva

Bajo un estado de shock, las funciones ejecutivas del cerebro (organizar, planificar, decidir) se encuentran temporalmente bloqueadas. Por ello, las directrices deben ser sencillas y secuenciales:

PASO 1: Evaluar la integridad física inmediata (descartar heridas ocultas).
   │
PASO 2: Satisfacer necesidades básicas (ofrecer agua o abrigo).
   │
PASO 3: Facilitar la interconexión con redes de apoyo (localizar familiares directos).
   │
PASO 4: Resolver aspectos logísticos mínimos (ubicar documentos esenciales o medicación).

FASE 2: De las 72 Horas en Adelante (La Fase de Transición y Postcrisis)

Pasado el tercer día (72 horas), el escenario de la emergencia cambia por completo y entramos en la fase más crítica para la salud mental a mediano plazo. El shock agudo y la adrenalina del primer momento empiezan a bajar, dando paso a una conciencia plena y abrumadora de la realidad: la pérdida de viviendas, la alteración radical de la rutina, la falta de servicios básicos, las dificultades de suministro y, en los casos más graves, el duelo por la pérdida de seres queridos.

A nivel neurobiológico, el organismo no puede mantener el estado de alerta máxima de forma indefinida sin agotar sus recursos. Si no se interviene de manera adecuada en esta fase de transición, el distrés agudo corre el riesgo de consolidarse como una estructura psicopatológica rígida (como el Trastorno de Estrés Agudo o el TEPT).

Tanto si eres un especialista clínico como si estás apoyando a tu propia familia, el protocolo de actuación a partir de las 72 horas debe enfocarse en las siguientes dimensiones:

1. Transición hacia la Activación Conductual (Restituir la Agencia)

Prolongar el modelo asistencialista de las primeras horas —donde el interviniente o el líder familiar lo decide y hace todo por el afectado— más allá de las 72 horas es un error técnico común que fomenta la indefensión aprendida y cronifica el rol de víctima pasiva.

  • Devuelve el control: Involucra activamente a la persona en la resolución de sus problemas cotidianos. Invita a los afectados a asumir micro-tareas (organizar insumos en el refugio, preparar alimentos, coordinar la limpieza de zonas seguras, establecer cadenas de ayuda). Sentirse útil es el mejor antídoto contra la parálisis emocional.

  • Planifiquen solo por hoy: El futuro a mediano plazo puede parecer gigante y aterrador. Co-diseñen un plan diario con un máximo de tres objetivos sencillos de corto alcance (ej. «Hoy vamos a reportar el estado de la vivienda, recoger el suministro de agua y revisar la medicación»).

2. Psicoeducación Protocolizada: Explicar lo que el cuerpo siente

A partir del tercer día, síntomas que antes estaban ocultos por el shock se vuelven sumamente nítidos y persistentes. Al notar que el temblor disminuye pero aparecen otras molestias, muchas personas desarrollan una ansiedad secundaria, temiendo «estar perdiendo la razón» o sufriendo un daño psicológico irreversible.

Es mandatorio implementar pautas psicoeducativas para despatologizar y normalizar los siguientes indicadores:

  • Hipervigilancia auditiva y sensorial: Explicar que es completamente normal confundir el ruido de un camión, el portazo de un vecino o una ráfaga de viento con una nueva réplica. El cerebro ha dejado su umbral de alerta muy bajo como mecanismo de protección.

  • Flashbacks e intrusiones visuales: Clarificar que las imágenes repetitivas del terremoto que llegan a la mente sin desearlo son los intentos del cerebro por archivar, procesar y metabolizar una información altamente disruptiva.

  • Manifestaciones somáticas: El insomnio de conciliación, las pesadillas, las cefaleas tensionales, la opresión en el pecho, la falta de apetito o la irritabilidad con los seres queridos son respuestas esperables.

  • El encuadre clave:

«Lo que estás experimentando en este momento —el insomnio, la tensión y el estar alerta al menor ruido— no significa que estés perdiendo el control. Es el rezago biológico de la adrenalina acumulada. Tu cuerpo y tu mente necesitan tiempo y descanso para procesar el impacto y volver a su equilibrio».

3. Triaje Secundario y Señales de Alarma Clínicas

No todas las manifestaciones postraumáticas requieren terapia profunda. Sin embargo, pasadas las 72 horas, se debe evaluar la tendencia evolutiva de la persona. Si los síntomas se vuelven rígidos o incapacitantes, se debe activar el protocolo de derivación urgente a especialistas de segunda línea (psicología clínica o psiquiatría) ante los siguientes indicadores de alarma:

  • Disociación persistente: Fenómenos severos de despersonalización o desrealización (la persona siente de forma continua que no está en su propio cuerpo, habla de sí misma en tercera persona o siente que el entorno es completamente irreal o una película).

  • Evitación fóbica restrictiva: Incapacidad absoluta para aproximarse a zonas seguras por parálisis o conductas de fuga errática que impiden el autocuidado elemental.

  • Embotamiento afectivo rígido: Ausencia total de respuesta emocional, mirada fija, mutismo acinético o estupor postraumático (no reaccionar a estímulos, preguntas ni necesidades del entorno).

  • Riesgo autolítico: Verbalizaciones explícitas de desesperanza absoluta, gestos autolesivos o deseos manifiestos de morir.

  • Incapacidad funcional: Imposibilidad persistente de cuidar de sí mismo o de un menor/adulto dependiente a su cargo.

4. Gestión de la Cronicidad de las Réplicas y Control de la Infodemia

En crisis sísmicas complejas donde el suelo sigue moviéndose de manera intermitente en los días posteriores, el peligro objetivo no ha concluido. Esto dificulta enormemente la desactivación biológica del miedo.

  • Canalice el miedo hacia la prevención: El objetivo no es eliminar el miedo (el cual es realista), sino evitar que se convierta en pánico paralizante. Esto se logra transformando el temor en conductas de mitigación estructuradas que el sujeto pueda controlar: revisar los puntos de reunión, mantener las llaves y la mochila de emergencia en un lugar fijo cerca de la puerta, y asignar roles claros a cada miembro de la familia. El orden externo devuelve orden al mundo interno.

  • Prescriba un «ayuno de información»: La sobreexposición a bucles de noticias trágicas, videos explícitos con música alarmante en redes sociales o rumores de megasismos en cadenas de mensajería opera como una re-traumatización continua. Limite el consumo de información a un máximo de uno o dos bloques cortos al día, y recurra exclusivamente a fuentes oficiales.

Dimensiones Especiales: Poblaciones Vulnerables a partir de las 72 Horas

Población Enfoque Prioritario Acción Clave
Pediátrica Reducción de estímulos multimedia Restituir rutinas mínimas viables (horarios de juego, comida y sueño).
Adultos Mayores Preservación de la autonomía y salud Asegurar continuidad farmacológica y verificar dispositivos de asistencia.
Discapacidad Accesibilidad e inclusión funcional Garantizar adaptaciones en refugios y preservar ayudas técnicas esenciales.
  • Población Pediátrica: Los niños procesan el desastre a través del tamiz conductual de sus figuras de referencia. Pasadas las 72 horas, es prioritario el aislamiento total de estímulos multimedia disruptivos (noticias, imágenes de rescate) y la restitución inmediata de rutinas mínimas viables. Permita que expresen el miedo a través del juego o el dibujo, validando siempre sus emociones.

  • Adultos Mayores: Presentan un alto riesgo de desorientación tempo-espacial si han sido trasladados de su entorno. Es una prioridad absoluta asegurar la continuidad de sus tratamientos farmacológicos crónicos (hipertensión, diabetes, etc.), verificar el estado de sus dispositivos de asistencia (lenses, audífonos, bastones) e incluirlos en tareas comunitarias o familiares ligeras para evitar que se sientan una carga.

  • Personas con Discapacidad: Garantizar la accesibilidad física y cognitiva en los refugios o centros de acopio. Asegúrese de que sus ayudas técnicas no sean segregadas durante las reorganizaciones de los espacios y adapte los canales de comunicación para que participen de las decisiones del grupo.

Contraindicaciones Clínicas Absolutas en la Postcrisis (Qué Evitar)

  • No forzar el Debriefing Psicológico: Obligar a una persona a relatar detalladamente, paso a paso, los aspectos más traumáticos o dolorosos del sismo durante los primeros días está contraindicado. La intrusión psicológica prematura interfiere con los mecanismos naturales de defensa del psiquismo, incrementando de forma alarmante la tasa de consolidación del Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT).

  • Erradicar las falsas tranquilizaciones: Frases vacías como «no se preocupe, todo va a estar bien» o «lo material se recupera, al menos están vivos» invalidan la experiencia real de la pérdida (el esfuerzo de toda una vida, la pérdida de recuerdos o de estatus) y rompen la confianza. El abordaje debe ser honesto, pragmático y centrado en capacidades actuales: «Entiendo la gravedad de lo que se ha perdido. Es un momento muy duro, pero aquí estamos juntos y vamos a trabajar en el paso de hoy».

  • Evitar la medicalización sistemática del malestar: El uso indiscriminado de benzodiacepinas para suprimir la angustia, el llanto o el insomnio reactivo en los primeros días bloquea el procesamiento adaptativo que el cerebro debe realizar ante el trauma. Su uso debe restringirse estrictamente a casos de agitación psicomotriz extrema bajo supervisión médica.

El Autocuidado del Interviniente y la Familia Cuidadora

Nadie puede dar lo que no tiene. Si eres profesional de la salud, rescatista, líder comunitario o la persona que está sosteniendo a su núcleo familiar, recuerda que estás expuesto al trauma vicario y al desgaste por empatía.

Pasadas las 72 horas, el cansancio físico acumulado empieza a pasar factura. Es mandatorio establecer turnos de descanso, asegurar la hidratación y la alimentación regular, y permitirte espacios cortos para expresar tus propias emociones. Reconocer los propios límites no es una debilidad; es una exigencia técnica y humana para garantizar una ayuda sostenida, ética y de calidad en el tiempo.

─── ¿Necesitas ayuda? ───

Sabemos que procesar el impacto de un sismo es un camino que no se debe transitar en soledad. Hemos diseñado un espacio para acompañarte.

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Si tú, un familiar o alguien de tu comunidad está experimentando señales de alerta, altos niveles de ansiedad, insomnio persistente o dificultad para gestionar el día a día, nuestro equipo de especialistas está listo para escucharte y ofrecer contención.

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Mensaje de cierre: Después de las 72 horas de un sismo, la mejor intervención combina la organización pragmática, la rutina viable y la empatía normalizadora. Devolver la capacidad de acción a las personas, validar lo que sienten sus cuerpos y mantener la cohesión de la comunidad es lo que nos permite construir el único puente seguro hacia la resiliencia y la recuperación psicológica a largo plazo.

 

Dra. María Olivia Goncalves PhD

CEO Grupo Sinapsis

 


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Referencias

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